(Año con año miles de personas se concentran en las instalaciones de la UCA para rendir un tributo a sus mártires, porque aunque apagaron sus voces sus enseñanzas e ideologías siguen presentes en la voz del pueblo)
El 16 de noviembre de 1989 fueron asesinados seis padres jesuitas y dos mujeres que les ayudaban con el quehacer de la casa que quedaba dentro de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).
Han pasado 20 años desde ese hecho. Han sido 20 años desde que un partido oficial tricolor estuvo en el poder de nuestro país. Veinte años se escribe en pocas letras pero reúne tantos hechos, tantas historias para una persona tanto como para una sociedad.
Los padres jesuitas fueron asesinados por “practicar” la Teoría de la Liberación y por esta razón se suponía que eran aliados de la guerrilla izquierdista del FMLN, y por lo tanto, subversivos ellos mismos. Antes de ellos fue Monseñor Romero (1980), antes de él fue el padre Rutilio Grande (1977) junto a él también se suma Alfonso Navarro Oviedo, Ernesto Barrera, Octavio Ortiz Luna, 4 jóvenes laicos... y así la lista continua.
Defender o practicar la teología de la liberación consiste en responder a la cuestión que los cristianos de América Latina se plantean cómo ser cristiano en un continente oprimido. ¿Cómo cantar al Señor en una tierra extraña? ¿Cómo conseguir que nuestra fe no sea alienante sino liberadora? Uno de los máximos exponentes de esta teología, el jesuita Ignacio Ellacuría, fue asesinado a sangre fría.
Constantemente en clase de Historia nos hacen referencia a la memoria histórica a no olvidar hechos del pasado que construyen el presente. ¿Cuántos años han pasado desde estos asesinatos? ¿Dónde está el estado democrático? ¿Dónde está la justicia? A mi criterio creo que se trata de la inhumanidad del hombre y de la injusticia, del egoísmo que guarda en su interior. La teología de la liberación habla sobre eso. ¿Cómo ser libres cuando algo nos oprime? Ya lo decía Monseñor Romero en una de sus homilías “¿Qué se puede pedir, hermanos, en esta situación? El ambiente que hemos tratado de mantener en esta homilía es la reconciliación. Soy un Ministro de esa Iglesia de la reconciliación. Y a este propósito me alegró mucho una sugerencia que me llegó: la Iglesia no sólo debe denunciar sino que debe anunciar también una esperanza. Y me sugería como una esperanza la coincidencia con otras opiniones, la opinión de la Iglesia. Y es, por tanto, la necesidad de abrir a un diálogo sincero las diversas opiniones. Yo invito, pues, a que no se piense que la única solución es la violencia. Por eso hago un llamamiento al diálogo sincero, a la reconciliación en nombre de Dios, como lo hace San Pablo”.
Por eso digo que queda prohibido olvidar por qué murieron, quiénes eran y lo que hacían. Simplemente, en una época de conflicto armado en el país fueron asesinados a sangre fría estos sacerdotes que lo único que buscaban era la liberación de aquellos que estaban siendo oprimidos, por la liberación de pensamiento. En lo personal critico el papel de la Iglesia en nuestros tiempos. Hacen falta muchos Monseñores Romeros hoy en día, que no tengan miedo de denunciar y condenar; como a su vez transmitir la esperanza y la fe por medio del diálogo solo esto nos salvará de los actos violentos que sufre el mundo en general.
El 16 de noviembre de 1989 fueron asesinados seis padres jesuitas y dos mujeres que les ayudaban con el quehacer de la casa que quedaba dentro de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).
Han pasado 20 años desde ese hecho. Han sido 20 años desde que un partido oficial tricolor estuvo en el poder de nuestro país. Veinte años se escribe en pocas letras pero reúne tantos hechos, tantas historias para una persona tanto como para una sociedad.
Los padres jesuitas fueron asesinados por “practicar” la Teoría de la Liberación y por esta razón se suponía que eran aliados de la guerrilla izquierdista del FMLN, y por lo tanto, subversivos ellos mismos. Antes de ellos fue Monseñor Romero (1980), antes de él fue el padre Rutilio Grande (1977) junto a él también se suma Alfonso Navarro Oviedo, Ernesto Barrera, Octavio Ortiz Luna, 4 jóvenes laicos... y así la lista continua.
Defender o practicar la teología de la liberación consiste en responder a la cuestión que los cristianos de América Latina se plantean cómo ser cristiano en un continente oprimido. ¿Cómo cantar al Señor en una tierra extraña? ¿Cómo conseguir que nuestra fe no sea alienante sino liberadora? Uno de los máximos exponentes de esta teología, el jesuita Ignacio Ellacuría, fue asesinado a sangre fría.
Constantemente en clase de Historia nos hacen referencia a la memoria histórica a no olvidar hechos del pasado que construyen el presente. ¿Cuántos años han pasado desde estos asesinatos? ¿Dónde está el estado democrático? ¿Dónde está la justicia? A mi criterio creo que se trata de la inhumanidad del hombre y de la injusticia, del egoísmo que guarda en su interior. La teología de la liberación habla sobre eso. ¿Cómo ser libres cuando algo nos oprime? Ya lo decía Monseñor Romero en una de sus homilías “¿Qué se puede pedir, hermanos, en esta situación? El ambiente que hemos tratado de mantener en esta homilía es la reconciliación. Soy un Ministro de esa Iglesia de la reconciliación. Y a este propósito me alegró mucho una sugerencia que me llegó: la Iglesia no sólo debe denunciar sino que debe anunciar también una esperanza. Y me sugería como una esperanza la coincidencia con otras opiniones, la opinión de la Iglesia. Y es, por tanto, la necesidad de abrir a un diálogo sincero las diversas opiniones. Yo invito, pues, a que no se piense que la única solución es la violencia. Por eso hago un llamamiento al diálogo sincero, a la reconciliación en nombre de Dios, como lo hace San Pablo”.
Por eso digo que queda prohibido olvidar por qué murieron, quiénes eran y lo que hacían. Simplemente, en una época de conflicto armado en el país fueron asesinados a sangre fría estos sacerdotes que lo único que buscaban era la liberación de aquellos que estaban siendo oprimidos, por la liberación de pensamiento. En lo personal critico el papel de la Iglesia en nuestros tiempos. Hacen falta muchos Monseñores Romeros hoy en día, que no tengan miedo de denunciar y condenar; como a su vez transmitir la esperanza y la fe por medio del diálogo solo esto nos salvará de los actos violentos que sufre el mundo en general.
Otros artículos:
http://www.uca.edu.sv/deptos/filosofia/web/index.php?cat=81
1 cavilaciones:
Hay que rescatar la memoria histórica, o reconstruirla, es una obligación de todos, es necesario también no olvidar, a aquellos que por poner sus oficios al servicio de los desfavorecidos y oprimidos perdieron la vida, este es un buen paso...:)
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